Vida local en Roma

Piazza Madonna dei Monti: el barrio bohemio, local y más popular de Roma.

roma y su plaza madonna dei monti

Hace poco tuve la oportunidad de viajar a Roma. Un vuelo que cogí espontáneamente y que acabó convirtiéndose en una experiencia maravillosa.

En pocas palabras, Roma es historia. Roma es cultura, arte y arquitectura; son museos, ruinas y  adoquines; es ocre, mostaza y salmón; es vegetación y piedra; alegría y gentileza.

Roma es pasta al dente, ensaladas variadas y salsas elaboradas. Es moscato, vino blanco y anonimato.

En Roma, tuve la ocasión de inmiscuirme por completo en su vida autóctona, experimentar el día a día cotidiano de una pequeña plaza local, a pocos minutos del celebérrimo Coliseo Romano. Mi pequeño estudio se encontraba en un antiguo bloque de pisos en Piazza Madonna dei Monti. Una estructura abierta al cielo y al aire romano que cobija en su interior pequeños apartamentos de estampa local.

Con unas vistas sobre auténticas fachadas romanas, de colores ocre y tierra, con piedras desencajadas y ladrillos derruidos. Áticos ideales, repletos de vegetación, con macetas de terracota verdes y rosas, púrpuras y blancas, naranjas y amarillas, de mesas y sillas rústicas, manteles y cubertería refinada. Auténticos techos habitados que reencarnan el sueño mediterráneo: unas vistas inconfundibles sobre la magnanimidad y riqueza de una ciudad con años de experiencia. La bendición de un cielo azul, de aire puro y un soplo de frescor en plena capital italiana.

De carácter local, el barrio de Monti reúne entre sus laberínticas callejuelas a una una variopinta comunidad: jóvenes estudiantes e hipsters modernos, artistas bohemios e intelectuales de por medio, actores  y directores, curas y monjas, italianos e italianas… Pasear por las angostas vías de Monti es un auténtico espectáculo, un desfile carnavalesco, una maravilla ecléctica.

roma y sus desayunos romanos

Todos ellos se congregan en el célebre bar de la plaza, llamado La Bottega del Caffè. Una bonita cafetería bajo un manto de plantas trepadoras, con pequeñas mesas redondas.
Sentarte en una de sus sillas, pedir el típico desayuno italiano mientras contemplas el vaivén de la plaza, escuchas el sonido de la fuente, observas a los comensales de tu alrededor e imaginas sus vidas  es algo que te acerca más a Roma. Te deja saborear el día a día de un pueblo distinto y vivir durante un tiempo en otro tipo de cultura.

Su panini de mozzarella y tomate es delicioso: crujiente por fuera, mullido por dentro; caliente la corteza, fresco el condimento. Yo lo acompañe con un zumo de naranja, zanahoria y jengibre para completar la premisa del desayuno ideal.  Su tortilla de champiñones y cebolla es también una buena opción que viene acompañada con una fresquita ensalada y unos rojizos tomates aderezados con salsa de pesto, ideal para desengrasar.

Además, los camareros son muy atentos y te regalan unas calentitas pastas italianas.

Vuela a Roma, sueña durante unos días como un auténtico romano y saborea sus delicias italianas.

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