Ensalada vegana hiperproteica

Descubre el sabor dulce salado de esta ensalada vegana hiperproteica.

Receta vegana de la ensalada vegana super proteica

Cocinar esta ensalada vegana hiperproteica es reinventarse. Atreverse. Arriesgarse.

Es combinar la dulzura de unos higos maduros, con el toque salado y casero de unas lentejas y el sabor sofisticado e irreverente de algas japonesas.

Es alimentar a tu cuerpo con una gran dosis de proteínas, con una infinidad de minerales y numerosas vitaminas. Es alimentarse de la tierra, que generosa y bondadosa, nos ofrece sus riquezas.

¿Porqué es importante comer proteínas?

Las proteínas de origen vegetal son capaces de garantizar el correcto desarrollo humano. Su labor principal es crear y mantener en buen estado las células del cuerpo, además de metabolizar los alimentos. Son indispensables para desarrollar materia corporal y esenciales para absorber nutrientes y minerales.

Existen 20 aminoácidos diferentes que forman las proteínas. Sin embargo, el cuerpo humano no es capaz de crear todos estos aminoácidos; existen 9 que son esenciales y sólo podremos obtener mediante la comida. Por ello es muy importante ser consciente de cuáles son y en qué alimentos se encuentran.

Combinar legumbres con vegetales, granos completos y frutos secos es indispensable para nutrirse adecuadamente. El cuerpo te lo agradecerá, tu salud mejorará, tu energía aumentará y tu proteína será total.

Esta ensalada vegana es hiperproteica, ligera pero a la vez muy nutritiva. Sacia el paladar y es fácil de asimilar.

Receta de la ensalada vegana hiperproteica

Ensalada vegana super proteica con lentejas, edamame y algas wakame

Esta ensalada vegana es muy sencilla de hacer. Simplemente tienes que poner en un plato los ingredientes siguientes:

  • hojas de espinaca baby,
  • col kale,
  • lentejas cocidas,
  • algas wakame con sésamo tostado y sésamo negro,
  • edamame,
  • higos frescos,
  • bayas de goji,
  • pipas de calabaza.

Puedes añadirle un poquito de aceite de oliva virgen y pimienta molida.

Es increíble poder combinar alimentos que proceden de lugares tan diferentes. Doy gracias a la tierra, al agua, al aire y al fuego por haber creado dichos sabores. Cada bocado es un pequeño tesoro curativo, antioxidante, proteico y mineralizante. Cada cucharada es una bendición del cielo, un milagro nuevo. Concentro toda mi atención en la masticación y disfruto del sabor sin presión.

Creo un espacio de silencio y quietud, en el que sólo nos encontramos el alimento y yo. Conectamos, nos unimos, y juntos creamos el delicado sabor de este descubrimiento gustativo.

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