La maldición del terror

El manto negro del terror: aprende a sobrepasar su miedo.

Terrorismo: miedo y odio

El terror nos acecha. Nos invade.

Sus tentáculos negros nos asfixian.

Sus armas explosivas nos aniquilan. Somos presas fáciles, víctimas frágiles.

Impredecible, huidizo, rápido y efímero como un trueno cayendo sobre un océano despavorido.

El terror es el ego en su estado más puro. El terror es el ego en todo su esplendor.

Son creencias, ideas, y a la postre, un simple conjunto de palabras, una sucesión ordenada de letras que matan. Que enloquecen. Que crean miseria y odio, miedo y horror.

Muchos nos preguntamos, ¿porqué? ¿Qué puedo hacer? ¿Qué solución hay?

A grande escala, parece que seas impotente. Es cierto, no puedes controlar fuerzas que van más allá de tu entidad como individuo.

Sin embargo, eres creador. Eres pensador. Eres observador. Eres actor. Eres amor.

En tus manos está aprender del terror. Ver que la violencia, la intolerancia, el egocentrismo, el racismo, la idolatría, el radicalismo, la obsesión y el individualismo sólo crean más horror, más desgracia, más oscuridad y negatividad.

Ver en el terror una lección para la posteridad: una mente cerrada sólo conlleva más desgracia.

Un sentimiento de separación fomenta más horror.

Una creencia radical crea desigualdad.

Un acto violento conduce al desaliento.

De nada sirve odiar a los que matan. No dejarán de hacerlo por ese mero hecho.

Pero sí que podemos aprender de ello. Distanciarnos de eso.

Fomentar la igualdad, desarrollar nuestra tolerancia, cuestionar nuestros apegos, encontrar el amor eterno. Actuar en pos de un planeta sereno, promulgar la paz en el mundo entero.

Ver en cualquier persona su carácter único e imperecedero. Su valor sagrado y eterno.

Ayudar al más desdichado, sonreír frente a cada obstáculo.

Dejar de fijarse en el color de la piel, dejar de mirar la tendencia sexual. Dejar de opinar sobre la forma de actuar, dejar de criticar la manera de hablar.

Dejar de ver en el prójimo tu “yo” más negativo.

Poco a poco, con paciencia y mucho amor, debes lograr ver en el otro tu yo interior. El ser superior. El  universo en su esplendor.

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