El poder de la atención plena

Descubre el poder de la atención plena: aprende a detenerte y observa atentamente.

Poder de la atención plena

En los tiempos actuales, la velocidad rige la sociedad. Mensajes instantáneos, respuestas al momento, reacciones descontroladas, acciones automatizadas… El frenesí se ha instaurado en el mundo, y pocos son quienes logran escapar.

Vivir rápido causa grandes estragos en nuestro cuerpo y en nuestra mente. La rapidez imposibilita la calma, aleja la quietud, fomenta la inquietud. Estamos en constante movimiento. No dejamos espacio entre los momentos.

Nuestra mente trabaja constantemente. Surgen pensamientos sin parar. Por ello, somos incapaces de identificarlos correcta y amablemente.

El mayor sufrimiento del ser humano es el no encontrar respuestas a ese sufrimiento. Sufrir sin saber porqué. Sufrir sin entender la causa. Sufrir sin hallar una enseñanza.

Si no te detienes, cómo puedes identificar e interpretar, de forma correcta y adecuada, lo que ocurre en realidad. Simplemente, estás mirando sin ver. Cegado y obnubilado por una tormenta de ideas y pensamientos, imágenes en movimiento, que impiden la calma y la atención. Te alejan de la quietud y de la relajación.

Sin embargo, el problema tiene fácil solución.

Simplemente tienes que ser capaz de querer parar. Aunque sólo sea un instante. Empleando toda tu atención en tu respiración. En el flujo de aire al inspirar, en el etéreo instante del expirar.

Detenerte y ser. Durante un momento. En la inspiración y en la expiración.

La atención plena y el mindfulness

Cuando nos detenemos unos instantes, el campo energético del movimiento compulsivo se apacigua. Los pensamientos siguen surgiendo y desapareciendo, pero nosotros ya no estamos en ellos. Conseguimos observarlos y mirarlos con bondad y serenidad. Sin opinar ni juzgar.

En ese espacio de atención plena, de quietud interior percibimos la auténtica vida. La vida en su mayor esplendor.

Somos capaces de observar la realidad. Y obrar con bondad.

Al reunirnos con la vida, creamos un espacio de armonía. Al parar y contemplar, empezamos a sentir el amor en nuestro interior.

El poder de la atención plena es maravilloso. Lograr ser capaz de restituir a cada entidad su carácter sagrado, sentir que cada objeto es único en el universo es el principio de la iluminación. Sentirte presente en cada ente es el fin de tu sueño de bella durmiente.

Emplea tu atención en ser la unión.

La vida surge de la atención de tu consciencia.

En tus manos está llenarla de alegría y sapiencia. 

Un joven pastor corría los campos y colinas de su región, con sus amadas ovejas que lo seguían sin temor. El muchacho las adoraba, lo eran todo para él. Poseía un gran rebaño de ovejas blancas como la nieve y bonitas como la vida. Los múltiples pueblos a los que debía acudir, el alto precio que pagaban por su lana le obligaba a ir con prisas, forzando el paso presto, el ritmo frenético. Sumidas a tal presión, y siendo de una raza muy delicada, sus ovejas iban apagándose, poquito a poco, una tras otra. Él joven lloraba a cada muerte, pero no dejaba de correr de puente en puente.

Un día la último oveja dio su último suspiro, y el pastor se quedó sólo en el olvido. Sus prisas y su gran ambición lo habían cegado. Había perdido su mayor tesoro, su bien de supervivencia por las ansias de vender más y más, de ser visto y reconocido en cada pueblo y en cada plaza.

Lloraba desconsolado bajo el amparo de un árbol, cuando de pronto éste le hablo, y le pregunto:

-¿Qué te ocurre, muchacho?

-He sido un tonto. He perdido a todo mi rebaño por querer ser el mejor pastor, y enseñar mi hermosa tropa de ovejas a cada pueblo de la región – respondió llorando el pequeño desconsolado.

-¿Y no te diste cuenta de que tus ovejas iban cayendo poco a poco?

-No quise verlo en el momento. El ansia de reconocimiento pudo conmigo.

-Eso que me estás contando es inaudito. Jamás habría dejado que una vorágine de poder acabará con mi ser. ¿Cómo podría desprenderme de mis ramas en pos de una estatura más alta? Forman parte de mi esencia, vivo de ellas. Les debo reverencia, amor y mi deber es protegerlas. 

Tras estas palabras, el joven lo entendió. Había sacrificado una parte de su ser en pos de algo irreal, de una imagen ficticia, de una etiqueta efímera. Quería ser el mejor pastor de la zona, y se había convertido en un pastor sin ovejas. La inconsciencia le había alejado de su esencia. Y sólo él era responsable de esa tragedia.

-No llores más. Aprende de esta experiencia. Busca una nuevo rebaño, obsérvalo con atención, conócelo sin temor, y protégelo con todo tu amor. Siéntete uno con él, y transita por los campos al ritmo de tu corcel. No intentes ir con prisas, la vida nunca tiene prisa. Mírame a mi, que crezco muy poquito cada año, pero ya soy un gran árbol y veo mucho sin querer ser el más alto. 

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